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¿Arriesgarías tu vida por un “selfie”?

Hoy en día viajar está al alcance de muchos, y para algunos, lo más importante es dejar constancia de que estuvieron físicamente ahí, donde sea, pero ahí, y el resultado es de un narcisismo brutal. Necesitamos la constante aceptación de los demás y la ola de “likes” en nuestra foto perfectamente estudiada es lo que alimenta nuestro ego.

Porque ya no sólo se trata de inmortalizar la postal del viaje a Nueva York o las vacaciones en la playa con amigos; hoy la gente se toma fotos en un espejo, en la habitación, en el baño, en una grúa a 60 metros de altura o en medio de un incendio; las fotos o selfies se han convertido en uno de los elementos omnipresentes de lo contemporáneo. Es ya un tema de identidad generacional que se ha consolidado en la última década.

Cada foto que colgamos se trata de una pieza visual que plasma los modos de representación de uno mismo, construye identidad, te hace parte de “algo” y compartirla en redes es clave. Pero una cosa es tomarse una instantánea en la Torre Eiffel y otra muy distinta en una planta nuclear, en un lago contaminado, en la azotea de un edificio a 60 metros de altura o bañarse con tiburones.



Por desgracia, la búsqueda de “likes” está llevando cada vez a más gente a viajar a destinos de riesgo o asumir peligros solo para tomar “la foto perfecta”.





 ¿Dónde se encuentra el límite?

¿Todo vale por subir una fotografía de nuestro viaje en redes sociales? ¿Qué buscamos cuando subimos una foto sosteniéndonos en el punto más alto de un edificio?¿Estamos dispuestos a arriesgar nuestra vida por un like? ¿Nos convierte esto en la generación más narcisista de la historia? Seguramente sí, y adicionalmente, estas fotos tomadas en rascacielos, en lugares donde sucedieron tragedias y dónde claramente peligra nuestra vida , también revelan un tema de reto social colectivo propio de la generación millennial. En la era de Instagram, hay una delgada línea que no se debería cruzar al usar la cámara de nuestro Smartphone en ciertos lugares.


El caso de Chernóbil, o cómo conseguir un “selfie radiactivo”

El caso de Chernóbil vuelve a estar en boca de todos 33 años después del desastre nuclear, uno de los más importantes de la historia y que provocó que la ciudad tuviera que ser evacuada hasta día de hoy. La serie de HBO sobre el accidente estrenada recientemente ha devuelto a la actualidad el accidente, convirtiéndolo en tema estrella.

¿Y eso qué significa? Pues que el interés sobre Chernóbil ha vuelto a crecer, lo que ha provocado un aumento del 30% en viajes a la ciudad. Y no es nada fácil viajar hasta allí. Se necesita un permiso especial para acceder al tour de visitantes, a los que se proporcionan mascarillas y dosímetros para medir la radiación. Pero ni eso ha frenado a los curiosos que peregrinan hasta la ciudad fantasma para ser testigos de lo que queda del desastre y, como no, plasmarlo en instantáneas para sus redes sociales.

El destino ideal, si no te importa volver con un ojo de más, claro.



La última moda, bañarte en el “tóxico” paraíso

Otro reciente ejemplo de estupidez humana es el de Novosibirsk, ciudad situada en el centro de Siberia, último lugar en el que nadie esperaría encontrarse aguas cristalinas de color turquesa dignas del mismo Caribe o cualquier destino paradisiaco. Por eso, cuando alguien encontró un lago con esas características y publicó una foto en Instagram, el lugar se convirtió de inmediato en un sitio de peregrinaje para los bañistas y curiosos de la ciudad que querían comprobar si aquel paraíso era real. ¿El resultado? Visitantes inconscientes bañándose y posando en un basurero de óxidos metálicos nocivos para la piel solo por el contacto con ella y donde el color del agua es solo el resultado de una reacción química. Pero no es el único caso de aguas “visualmente” cristalinas, también en Galícia, el lago situado en Monte Neme, al lado de una explotación minera ha sido el blanco de muchos instagramers que ni siquiera el cartel que prohíbe el acceso a la zona ha hecho que tomen consciencia. Parece que nada aleja a los “influencers” de su objetivo para sacar una buena foto, ni la cercanía de la central térmica, ni el olor a detergente, ni el riesgo de una reacción alérgica por todo su cuerpo.


Esta nueva moda de sacarse fotos en escenarios controvertidos, como si de cualquier otro destino turístico se tratara, está invadiendo las redes y no viene exenta de polémica. Las imágenes han indignado a muchas personas.

El número de muertes registradas por un conseguir un “selfie” es de alrededor de 250 personas.

Al final, no queda claro si tomarse este tipo de fotos son pertinentes socialmente o no, tampoco sabemos si con ellas se rebasan ciertos límites éticos que no se debieran cruzar, o simplemente so una prueba de hasta dónde puede llegar la estupidez humana, el hecho es que existen y el debate está abierto.


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